Anochece en la ciudad…

El cristal de la ventana de mi habitación se tiñe de verde cuando en la fachada de en frente se enciende un cartel de luces de neón. Pone salida, en letras jade, sin embargo conduce a un sótano ahogado por el sonido de un saxofón y un denso humo ocre. Entre sus jirones aparece un hombre de mirada perdida. Sus ojos son la luna, única entre tanto hormigón y acero, pero negra y vacía. Como todos los demás días lleva su habitual traje gris con rayas plateadas. Y como todas las demás noches, sale al callejón, saca algo de su cartera y se lo lleva a la boca. Lo acompaña con un largo trago de la botella de vodka que ha dejado en la puerta, seguramente cuando todavía había un sol que brillaba en sus ojos. El hombre se da cuenta entonces de que le estoy observando. Su mirada se cruza con la mía, él se ríe, histérico, mientras levanta su botella y me señala con ella. Cojo mi abrigo, bajo al rellano y antes de cruzar el portal me cubro la cabeza con la capucha de mi sudadera.

Cuando salgo, el hombre está sentado en un sofá de dos plazas. No parece demasiado viejo pero sí pasado de moda. Al hombre no parece importarle. Se ha quitado su chaqueta, colgándola de uno de los brazos del sofá, así como la corbata cobalto que asfixiaba su cuello. Ahora se parece más a un collar de flores, donde el reflejo de los faros antiniebla de los coches se deforman en pétalos de luz. “Namaste”, pienso amargamente, al sentarme a su lado. No da señales de percatarse de mi presencia y solo reacciona cuando le ofrezco un cigarrillo, limitándose a cogerlo sin siquiera mirarme. Después de que prenda fuego al mío le acerco el mechero, todavía encendido. Con el cigarillo ya en la boca hace ademán de sujetar el encendedor, sin dejar de prestar atención al horizonte, sea lo que sea lo que ve. Yo no logro entenderlo, sin embargo él si parece entenderme. Señala un punto en la distancia y abre la mano, como si quisiera cogerlo. Entonces lo veo.

El mechero cae al suelo, no se apaga. Las luces de la ciudad se funden con el fuego, el fuego funde la noche, la noche funde la ciudad. Rayos de luz convergen en su centro, fugaces como estrellas. Los altos edificios conforman esqueletos, semáforos de hueso intermitente en la oscuridad. La gente viene y va, sobre todo se va; los únicos que vienen lo hacen solos, aunque siempre vuelven acompañados: hombres con traje y maletín; hombres que se paran y te ofrecen cerveza, sueños en polvo o pastillas para dormir. Mujeres que llevan spray de pimienta en el bolso, porque hombres de traje las persiguen; mujeres que se paran y se te ofrecen, por que hombres de traje les protegen; jóvenes juerguistas, taxistas insomnes, amantes borrachos besándose bajo la lluvia. Todo envuelto en silencio, abandonado, muerto; la ciudad es suya, la ciudad es nuestra, esta noche y todas la noches, para siempre.

– Una pequeña introducción narrativa al jazz ambient/experimental de Bohren & der Club of Goreh, The Kilimanjaro Darkjazz Ensemble y Heroin and Your Veins así como a la electrónica experimental de Ulver –

Nos vemos en la ciudad y en sus noches,

G

Una respuesta a “Anochece en la ciudad…

  1. interesante entrada, he de decir que no sé de donde sacarás toda esta música la verdad…..creo que nunca había escuchado este tipo de música, el kilimanjaro darkjazz ta bastante bien.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s