Canciones épicas I – El fuego del armadillo: Tarkus

La mayoría de la música que comparto en Siete por Ocho es moderna; en contadas ocasiones profundizo en épocas anteriores. Y sin embargo, acudo con regularidad a grupos del pasado, pioneros y primerizos, porque sus obras no dejan de ser fascinantes, únicas, imprescindibles para comprender cualquier propuesta actual, y sobre todo, espejos de otro cuando que reflejan una realidad distinta pero cuyas inquietudes, reflexiones y mensajes permanecen más allá del tiempo. Por todo ello, hoy decidí crear una nueva sección (otra más, XD) en la que tendrán cabida trabajos tanto de actualidad como de épocas anteriores, pero que compartirán una característica común: el ser épicas. También pretendo así instaurar un formato de entrada más corto, con menos texto pero suficiente cantidad de música. Dicho esto, solo queda una cuestión que resolver: la temática; ¿qué eso de las canciones épicas? Pues se trata creaciones ambiciosas, tanto conceptual como musicalmente; piezas de larga duración que giran en torno a una historia o una idea y se desarrollan a través de diferentes movimientos. Nada mejor que un buen ejemplo para hacerse una idea 😉

La elegida: Tarkus, de Emerson, Lake & Palmer (ELP); en realidad la canción que inspiró la creación de esta nueva sección. Revisando la colección de vinilos de mi padre el otro día me reencontré con uno cuya portada había llamado mi atención ya cuando era niño; un armadillo acorazado, fusión entre animal y tanque, aparecía sobre un desierto de franjas coloreadas; detrás suya, yacía el esqueleto de algún ser prehistórico; una víctima del fuego pesado de la máquina de guerra híbrida. El protagonista de la portada da nombre al segundo trabajo de los británicos ELP, y sobre su concepto surrealista se desarrolla la pieza que abre el disco, cuya estructura es la siguiente:

  1. Eruption 00:00 – 02:43
  2. Stones of years 02:43 – 06:26
  3. Iconoclast 06:26 – 07:42
  4. Mass 07:42 – 10:51
  5. Manticore 10:51 – 12:40
  6. Battlefield 12:40 – 16:40
  7. Aquatarkus 16:40 – 20:40

Tarkus nace en Eruption del huevo de un volcán, y a lo largo de su belicosa existencia se irá enfrentando a diversos monstruos cibernéticos: en Iconoclast abate a un engendro mezcla pterodáctilo y avión a reacción, para acto seguido vencer, en Mass, a un saltamontes-cafetera mutante. Pero en Mantichore se encontrará con su némesis: el monstruo mitológico con cabeza de humano, cuerpo de león y cola de escorpión. Tras una batalla de proporciones épicas, Tarkus se alza victorioso, pero el veneno de la bestia emponzoña y su muerte es inminente. Sin embargo, la guerra lo reclama de nuevo, y de entre las aguas resurge más fuerte que nunca: ha nacido Aquatarkus; su historia no ha acabado, tan solo se repite; así nos lo hacen saber los teclados de Keith Emerson, que retoman el motivo que abre Tarkus para concluir su epopeya en un ciclo sin fin.

Imagen del interior de LP de Tarkus, donde se muestra la historia de Tarkus, dibujada por la mano del artista y diseñador gráfico británico William Neal.

Lo que a primera vista parece un delirante cuento sobre un super armadillo es en realidad una sátira de lo absurdo e inútil de las guerras, como atestiguan los pasajes cantados por Greg Lake en Battlefield, sección que narra las consecuencias del enfrentamiento entre Tarkus y la Mantícora, pero cuya analogía con los conflictos reales es más que palpable. No obstante, del final puede interpretarse, con el renacer de Tarkus, la persistencia de la fabricación de armas ridículamente destructivas y poderosas; instrumentos que más que a la guerra, sirven a otros fines.

Clear the battlefield and let me see
All the profit from our victory
You talk of freedom, starving children fall

Are you deaf when you hear the season’s call?

Tarkus transcurre entre complejos pasajes instrumentales donde abundan los cambios de ritmo y los compases irregulares; son los dominios del órgano Hammond, el sintetizador Moog, y los teclados de Emerson, que junto con la exacta y brillante batería de Carl Palmer definen su extensión. Greg Lake toma las riendas en las partes vocales, más melódicas y concisas, que se erigen entre el vasto terreno instrumental. El resultado es una épica pieza de rock donde confluyen el jazz y música clásica, patrón característico del movimiento progresivo que comenzaría sus andanzas a finales de los 60. Emerson, Lake y Palmer son de hecho, reconocidos exponentes del género, que antes de agruparse, engrosaban, respectivamente, las alineaciones de The Nice, King Crimson y Atomic Rooster, conjuntos todos ellos pioneros del rock progresivo. ELP se convertiría así en uno de los referentes de la época y dejarían además de Tarkus, grandes trabajos como su primera obra, homónima, Trilogy y Brian Salad Surgery.

Keith Emerson y su impresionante sintetizador Moog 

Disfrutad, nos vemos en próximas entregas 😉

Un saludo,

G

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