Do the Unicornibot!

Tras varios días encerrado en casa por culpa de un junio más propio del invierno, necesitaba salir a la calle. Era sábado y casi por primera vez en toda la semana hacía sol, pero además había conciertos. Una amiga me propuso que fuésemos a la Romaría Pop de Belvís, un evento sociocultural que se viene celebrando por segundo año consecutivo en Santiago donde la música es la principal protagonista. Era la primera vez que íbamos, y la verdad sea dicha, sin esperar nada; tan solo a pasar el rato y disfrutar de algo distinto. El ambiente era festivo, alegre y acogedor; había un buen número de gente, pero sin llegar a saturar. Estaban de pie o sentados, yendo de un puesto a otro, hablando, riendo. El sol todavía despuntaba, brillante; después de un día de trabajo había secado la humedad de la hierba. Cerveza en mano nos sentamos en ella, algo alejados del escenario principal. Al rato salían a escena cuatro chavales; dos de ellos guitarra en mano, otro armado con un bajo y el cuarto listo para pegarle a los platos. Tocan un par de temas; nada de voces, guitarreo puro y duro acompañado de un bajo frenético; una descarga eléctrica de no más de 7 minutos. Me llama la atención los ritmos: irregulares, cortados con precisión por los repiques de la caja. Sorprendidos por su propuesta, decidimos acercarnos, pero para cuando lo hacemos los cuatro músicos desaparecen del escenario. El público, no muy numeroso y algo disperso, se queda perplejo. Al rato vuelven a las tablas, y esta vez lo hacen con su particular indumentaria: unos gorros hechos con papel de plata terminados en un cuerno que hablan por si solos: comienza el show de Unicornibot.

Los asistentes los reciben sorprendidos, entre risas, perplejos algunos y otros con el ceño fruncido: los músicos se hacen con el momento. Aquí y allá los hay que comienzan a levantarse y verlos un poco más de cerca, mientras que los incondicionales de las primera filas ya se mueven al ritmo salvaje de las canciones. La estática inunda el aire: los cuatro bots extiendes sus nichos cableados en medio de cortocircuitos; cambios de ritmo constantes, compases devorados, contratempos y paradas perfectamente programadas electrizan el ambiente. Los jinetes del mathrockapocalipsis, como ellos mismos se definen, cabalgan en el escenario; se mueven poseídos por los riffs, desplegando toda su energía; pura entropía. Y consiguen llegar a la gente. Con cada nuevo tema más gente se congrega, como si de electrones se tratase, en torno al núcleo.

Unicornibot están hechos para los escenarios, para la música en directo. Son los primeros en disfrutar; así lo demuestra su interacción, su sincronización, la locura voltaica que usan para hacer sonar sus instrumentos y que los lleva a moverse locamente. Saltan, ríen y se miran, divertidos. Bromean con el público sobre su música, tachándola de coñazo, pero dejan claro que les importa más bien poco lo que pueda opinar. Son ellos mismos y suenan a garaje, pero no a un garaje lleno de polvo y pisadas de zapatillas Converse, si no a un garaje que hace de laboratorio y taller donde las paredes están pintadas con números y ecuaciones extrañas; un garaje donde pudo haber nacido el mismo Frankestein a golpe de bombo y caja, en medio de risas lunáticas. Cuando parece que el concierto está llegando a su fin anuncian que todavía tocarán tres temas más, que caen como relámpagos entre los congregados. El último de ellos lleva al batería a subirse a las pantallas del fondo del escenario y precipitarse sobre el crash, poniendo fin a la tormenta. Pero solo temporalmente: el público atruena pidiendo otro tema y Unicornibot no fallan; condesan toda la electricidad del ambiente y liberan su última descarga dejando a los asistentes extasiados.

Unicornibot en el Primavera Sound 2012. (Lamentablemente no pude conseguir ningún vídeo de su concierto en Belvís)

Cuando llego a casa mi sudadera aun desprende chispas. Voy a internet a buscar más de su música y leer algo sobre ellos. Unicornibot son un grupo oriundo de Pontevedra y hasta la fecha han publicado ya dos trabajos que han recibido muy buenas críticas; Hare Krishna y el más reciente Dalle!. Ambos los podéis escuchar en su página de Bandcamp. El primero además está disponible para descargar gratuitamente y el segundo lo podéis adquirir por la cantidad que os parezca más adecuada. El estilo que practican es mathrock, un género que se caracteriza por sus complejas y atípicas estructuras rítmicas, el uso de compases irregulares y el empleo frecuente de acordes disonantes, y donde todo el peso de las composiciones recae en los instrumentos.

Como punto final no solo os invito a que los escuchéis, si no a que si tenéis oportunidad de verlos en directo no lo dudéis; no os decepcionarán. Ya sabéis, como ellos sugieren: Do the Unicornibot!

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