Mis favoritos de 2013 (I): Camarada Nimoy

Llegadas estas fechas es muy habitual encontrarse por la web los ya clásicos “rankings” con los mejores álbumes del año. Así que, seducido por la idea, decidí crear mi propio Top 5, pero no con lo que considero que podrían ser los mejores álbumes de 2013 sino con los que han sido mis preferidos: Obviaré las posiciones, todos son favoritos por igual, y dejaré que la música hable por si sola, como siempre. Espero que lo disfrutéis 😉

Casi por casualidad, hace cosas de unos meses descubrí un nuevo y singular fenómeno en el cosmos musical: de nombre Camarada Nimoy, su estela brillaba en órbitas de rock, trasladándose en un auténtico viaje estelar a otras más dispares como las del surf, swing e incluso jazz. Siete por Ocho no tardó en enviar una nave que interceptase su primer LP, de nombre homónimo: localicé la coordenadas y entonces arranqué el motor, 33 rpm; el rumbo marcado por la aguja; el resto fue pura aceleración centrífuga, Coriolis en clave de sol.

 Y es que el artefacto ofrece un trabajo propio de los ingenieros de la Enterprise, con canciones de plasma que impulsan al oyente a un vuelo espacial de compases magneto-hidrodinámicos. Despegamos con Satélite disidente desde el Vigo más californiano, entre frecuencias rebeldes e intenciones de espionaje, hasta más allá de Panamá:

Super Post-Panamax atestigua la existencia de gigantes de acero que ridiculizan al propio Canal; cortan el viento con melodías desafiantes, implacables. Con todo, ni siquiera Suez sería suficiente para contener el innovador Rock de Rande que practican los Camaradas, que no deja puente en pie, mucho menos el de Tacoma, contorneado con abrasión a golpe de ride en A ponte de Tacoma. Y aún así, sigue faltando el espacio: pero aparece el Dr. Hofmann con su bicicleta, para enseñarnos, entre armonías lisérgicas, lo mucho que nos equivocamos.

Grandes enseñanzas las de Albert, igual que las de Leonard Nimoy, quien en Camarada Nimoy, tercer tema del compacto, divulga su socialismo por el espacio en estrofas de 5/4. La retransmisión del mensaje es extensa, el vehículo musical, abierto de mente: el mismo Robert Fripp muestra su legado en esa subida con regusto Crimsoniano casi al final del tema. Pero el sonido de Camarada Nimoy, por mucho que aquí y allá podamos escuchar alguna influencia, tiene identidad propia; es moderno y de épocas pasadas a la vez, como si los astronautas de la ISS se fuesen al espacio en trajes de jazz de los años 50. El panorama actual tampoco queda de lado: en la trágica Dimitri, el grupo rinde homenaje al farmacéutico griego Dimitri Christoulas, que se suicidaría en Atenas el 4 de abril de 2012 como acto de protesta frente al gobierno helénico. El tema, elegido para cerrar el álbum, nos devuelve precisamente al lugar de donde hemos partido, al hoy en día más crudo pero a la vez más cercano. Camarada Nimoy no dejan indiferentes, al contrario; es difícil mirar atrás por el retrovisor, de vuelta a casa en tu coche, y no ver al Ferrobús, aplastándolo todo con su batería y bajo tan contundente. O mirar al cielo y no deslumbrarse por los meteoritos provenientes del Cometa Solitario; restos de un planeta alienígena, dicen los fantásticos teclados. Desde luego, la instrumentación es uno de los aspectos mejor tratados del álbum; además de la estructura nodriza, ensamblada por guitarras, bajo y batería; instrumentos como el Theremín, sintetizadores y teclados son los responsables de emitir los rayos cósmicos que dotan a la propuesta de los Camarada de su aspecto más “Sci-fi”. Pero no es eléctrico todo lo que llegará a nuestros oídos: en Dimitri un violín y un acordeón subliman su aspecto más dramático, mientras que el arpa Celta de A fantástica bici de Hofmann brilla cual subidón de psilocibina en el crepúsculo veraniego. En definitiva, encomiable la labor de Pablo Muñiz, Gontxu Muíños, Diego De Luís y Paulo Pascual, Camaradas principales y David Muñiz y Patricio Moon, Camaradas invitados. Todos ellos logran dotar al álbum de un sonido homogéneo, ligado por la sinergia y el comunismo; cada instrumento protagonista, pero sin ensombrecer a los demás. La grabación y la producción también ayudan en este sentido, haciendo que el álbum suene directo, sin arreglos en exceso. Pero lo cierto es que, a parte del aspecto sonoro, todavía hay más. Camarada Nimoy no es solo música, es una forma de hacer las cosas: ellos mismos se encargan de la producción y la distribución del formato físico del álbum, una cuidada edición en vinilo de tirada limitada. Su obra, además, prescinde de los mayoritarios Copyrights y se nota el cuidado en los detalles, muy de relieve en el libreto que acompaña al LP, donde encontraremos desde información de la banda hasta dibujos y texto que ilustran el concepto detrás de cada canción. En resumen, nos encontramos ante un álbum de excelente calidad y sin duda  muy recomendable que da muestras no solo de una refrescante propuesta musical si no de un espíritu perseverante y muy implicado. ¡Esperemos que sean más los años y lanzamientos que se sumen al almanaque de los Camarada Nimoy!

Un saludo y Feliz año nuevo!

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