Instrumentos de otra dimensión: Cuando seis no son suficientes (I)

Recuerdo que cuando era adolescente, Korn eran mi grupo preferido. Los escuchaba a todas horas, veía sus videoclips, soñaba con ir a sus conciertos e incluso llegué a comprar una camiseta de hokey en París como la que vestía Fieldy, el bajista; por aquel entonces era un verdadero fanático. También leía revistas y reportajes sobre la banda. Así fue como descubrí la existencia de las guitarras de siete cuerdas y comprendí -por aquel entonces poco más que ni sabía lo que era una púa- de donde salían esos riffs tan pesados que caracterizaban muchas de las canciones de los de Bakersfield. El sonido que Korn conseguían sacar del instrumento y su asimétrica rareza despertaron en mi cierta fascinación; fascinación que no hizo más que aumentar con el tiempo. Por ello decidí escribir esta entrada, inaugurando a la vez una nueva sección, Instrumentos de otra dimensión, en la que pretendo dar a conocer de forma sencilla instrumentos curiosos, extraños o novedosos. Nada mejor para empezar que estas rugientes bestias a las que no le llegan las seis cuerdas para sonar dignamente.

El origen de la guitarra de siete cuerdas se remonta al S.XIX, época en la que podemos encontrar obras ya pensadas para ella de la mano del compositor francés Napoleon Coste, pero también la que sería la primera materialización de la idea: la guitarra rusa. La invención soviética se presentó con la forma de una guitarra acústica con cuerdas de acero que combinaba propiedades de la guitarra española y la inglesa. En el siglo siguiente músicos de Brasil crearían su propia versión del instrumento a ritmo de Samba y Chorinho. La guitarra brasileña, una variación de la guitarra clásica que añadía una séptima cuerda, en sus primeras versiones perteneciente a un violoncello, adquiriría un gran protagonismo a manos de Dino 7 Cordas y Raphael Rabello, creadores del acompañamiento del Choro conocido como Baixeira. La guitarra de siete cuerdas brasileña evolucionaría en un modelo posterior que en lugar de cuerdas de acero emplea cuerdas de nylon. Creado en 1980 por Luiz Otavio Braga se convertiría en la referencia de músicos contemporáneos de Choro como Yamandu Costa.

No sería sin embargo hasta finales de los años 30 el momento en que aparecería la primera guitarra eléctrica de siete cuerdas. Se trataría de un modelo semiacústico que Epiphone guitars fabricaría para George Van Eps, pionero de la séptima cuerda en la escena del jazz, al que desde entonces se conocería como “Father of the Seven String Guitar”. Van Eps sería una enorme influencia para otros músicos del género como Howard Alen y Bucky y John Pizzarelli, encargados de perpetuar el empleo de la guitarra de siete cuerdas.

Los modelos experimentales de eléctricas de cuerpo sólido con siete cuerdas aparecerían a principios de los años 80 de manera aislada. No mucho después, a comienzos de la década siguiente, el reconocido guitarrista Steve Vai impulsaría la creación del que sería el primer diseño producido de forma masiva, la UV7, de la serie Universe de Ibanez. Motivado, al igual que los guitarristas de jazz de las décadas pasadas, por la mayor amplitud de rango armónico y sonoro que la cuerda añadida proporciona, Vai comenzaría a utilizar prototipos de guitarras de siete cuerdas en sus giras con Whitesnake, empleo que consolidaría con la grabación de Passion and Warfare, unos de sus discos más aclamados. La popularidad del americano y su estatus de “guitar hero” propiciaron finalmente la creación y comercialización de la UV7 y UV77.

Serían Korn, sin embargo, quienes darían el empuje definitivo al desarrollo de las guitarras de siete cuerdas con su álbum debut, publicado en 1994. Los de Bakersfield sorprenderían con un empleo del instrumento completamente innovador, centrado en la construcción de riffs demoledores, graves y muy oscuros, lo que dotaría a su sonido de una personalidad inimitable. A partir de entonces el uso de las guitarras de siete cuerdas como máquina de pesadez rítmica y sonora se extendería, por lo general ligada al metal o el rock más duro. Bandas como los propios Korn, Deftones, Fear Factory y Meshuggah hicieron de la séptima cuerda una identidad propia. Y otros tantos conjuntos la utilizarían tarde o temprano: Dream Theater sería uno de los primeros, como quedaría reflejado en su tremendo Awake, pero también grupos como Muse desgranarían contundentes riffs como el de Citizen Erased o la más reciente Supremacy. La guitarra de siete cuerdas resultó ser un atractivo sin igual para aquellos músicos que buscaban expandir sus horizontes o simplemente crear un sonido desbancando de los convencionalismos más tradicionales. Parece difícil rebatir que con el tiempo se haya convertido en uno de los instrumentos de referencia de la música actual.

En la siguiente entrega, segunda parte de esta entrada, trataremos las guitarras de ocho cuerdas. Aunque pudiese pensarse lo contrario, siete tampoco son suficientes 😉

Un saludo! Nos vemos pronto 🙂

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