Desde New York (I): Gösta Berlings Saga – Glue Works

[Desde New York: Colección de pensamientos. Recopilados en New York entre agosto y septiembre de 2014.]

La última raya de coca, la última copa. Deshace el nudo de la corbata, afloja la camisa. Mira los números amontonados, sin sentido, en los cientos de papeles sobre su mesa de despacho (madera de éban). Entre su ropa sucia abundan las manchas de café. El fondo del vaso de whisky, los billetes de cien dólares. Su pasado y sobre todo su presente. Un gran fondo negro, como la noche que envuelve la ciudad, como el vacío que rodea su carne, insondable, sin apenas un atisbo de espíritu que proyectar. Tantas horas invertidas, tanto daño hecho; miles y miles de dólares cosechados al llegar a la meta. Pero ni siquiera ahora está más cerca de la verdad, ni lo estará nunca. Sin embargo, la excepción estadística que le conceden hoy sus conexiones neuronales le permitirán liberarse del determinismo que le ha llevado hasta aquí arriba, un piso 73 en el Cigarret Building de Manhattan, un reputado puesto como broker en la bolsa de valores de Wall Street. Nuestro protagonista acaba de experimimentar un alumbramiento del raciocinio, la única y absoluta libertad a la que un ser humano puede aspirar en la vida. No dejará escapar esta oportunidad. Todas las luces llevan tiempo apagadas, escapa descuidadamente de su apartamento, huye de su vida. Esnifa más cocaína al llegar a la calle, el fruto de su esfuerzo. Entonces se echa a correr. Ese mismo vacío que hace pocas horas empezó a percibir, amenaza ahora con engullirlo completamente. Mira a su alrededor, frenético. Suda una realidad invencible, ácida, hasta ahora un sueño, salado por momentos, pero un sueño. No es fácil despertar del letargo voluntario, ni tampoco reaccionar con agilidad ante la ruptura de los esquemas mentales, que creía propios. Por desgracia, no hay mucho que se pueda hacer. Está vencido, el imperio de su carne se viene abajo. Sus constantes vitales, no obstante, son de una intensidad sin precedentes, de un equilibrio rayante en la perfección que solo puede deberse a la certeza. Está tranquilamente exaltado, perfectamente cuerdo en su paranoia. Efectivamente, una desesperada claridad alumbra la única salida posible. Sabe que no hay vuelta atrás. Corre entre las luces color ocre, entre los semáforos perfectamente programados, bajo la acusadora mirada de los rascacielos que hasta ahora acostumbraba a contemplar, con orgullo. Corre cuesta abajo, deslizándose. Siente parte de la tristeza del mundo al ver el tráfico, barroco, inútil, y los cientos de apartamentos iluminados en los fríos bloques de hormigón. Pero comprende, en su justa medida, que ya es demasiado tarde para atreverse llorar, para no avergonzarse de reir. Contra todo pronóstico, recuerda los momentos de su infancia y se siente aliviado. Acto seguido, lo inunda la pesadumbre; no se siente merecedor de los minutos que le restan. Cuanto ruído, piensa. Cuanta prisa, cuantas horas cargadas de plomo. El veneno es lo único que se esconde tras la manzana. Ríos tóxicos inundan las calles a su alrededor, los días, las horas. Su pulso se acelera y por un instante cree en el perdón, pues ha conocido el antídoto. Como José, el también es un carpintero. Y como hombre contemporáneo, también es una hormiga.

Gösta Berlings Saga son una banda de rock ecléctico de origen sueco. Glue Works, su tercer disco de estudio, consolida su propuesta instrumental de corte progresivo; un álbum con regusto setentero pero de naturaleza contemporánea que se maneja entre dimensiones de jazz y ciencia ficción. La expresión musical, a manos de Einar Baldursson (guitarras); David Lundberg (teclados), Alexander Skepp (batería y percusión) y Gabriel Hermansson (bajo), perfila un espectro de textura espaciales entre las que destacan sintetizadores (con un sonido muy similar al de un Theremín), pianos Rhodes, guitarras afiladas pero melódicas y arreglos de Mellotron; una expresión de amplios matices que alcanza su máximo color en canciones como 354, Island, Sortergatan 1 o Geosignal, en las que hacen presencia una sección de viento metal, un cello e incluso una armónica baja. En definitiva, Glue Works se trata de un trabajo ingenioso y energético, contenido en un formato sólido en el que destaca un sonido tan cohesionado como auténtico. Áltamente recomendable.

Puedes escucar Glue Works a través del siguiente enlace: https://cuneiformrecords.bandcamp.com/album/glue-works-2

Dedicada a Benancius, hombre tan adicto a Wall Street como a la cocaína (jajaja) 😉

Un saludo,

G

En mi reproductor: Actualización (IV)

Motorpsycho – The death defying unicorn: Jazz y psicodelia se fusionan en un encuentro auspiciado por el rock & roll. The Death Defying Unicorn es una aventura épica con regusto setentero, una historia instrumentalmente apabullante. Exquisito. Una canción: Into the Mystic.

Colin Edwin & Lorenzo Feliciatti – Twinscapes: Nostalgia y contemplación ascienden como humo, ocre y jade, en paisajes post-industriales. Edwin y Feliciati combinan en Twinscapes  jazz y electrónica a través de múltiples texturas de corte experimental.  Sorprendente y muy refrescante. Una canción: Transparent.

Matt Elliot – The broken man: Acordes pesimistas, melodías de ceniza entonadas al amanecer con la poca voz del que se sabe abandonado. Absenta, amarga; la llama que la quema, redentora. Matt Elliot se sincera en un disco emocionalmente demoledor. Dolorósamente bello. Una canción: The pain that’s yet to come.

Berserk! – Berserk!: Jazz supernatural, oleoso, creado en cuatro dimensiones. Berserk! Innovan con una propuesta trabajada y vanguardista, experimental pero concisa. Único y original. Una canción: Macabre Dance.

Un saludo!

G