En mi reproductor: Actualización (IV)

Motorpsycho – The death defying unicorn: Jazz y psicodelia se fusionan en un encuentro auspiciado por el rock & roll. The Death Defying Unicorn es una aventura épica con regusto setentero, una historia instrumentalmente apabullante. Exquisito. Una canción: Into the Mystic.

Colin Edwin & Lorenzo Feliciatti – Twinscapes: Nostalgia y contemplación ascienden como humo, ocre y jade, en paisajes post-industriales. Edwin y Feliciati combinan en Twinscapes  jazz y electrónica a través de múltiples texturas de corte experimental.  Sorprendente y muy refrescante. Una canción: Transparent.

Matt Elliot – The broken man: Acordes pesimistas, melodías de ceniza entonadas al amanecer con la poca voz del que se sabe abandonado. Absenta, amarga; la llama que la quema, redentora. Matt Elliot se sincera en un disco emocionalmente demoledor. Dolorósamente bello. Una canción: The pain that’s yet to come.

Berserk! – Berserk!: Jazz supernatural, oleoso, creado en cuatro dimensiones. Berserk! Innovan con una propuesta trabajada y vanguardista, experimental pero concisa. Único y original. Una canción: Macabre Dance.

Un saludo!

G

Instrumentos de otra dimensión: Mellotron (II)

Apogeo y desaparición

Era la década de los 70 y el Mellotron vivía un fugaz apogeo. Escasos años habían pasado desde su aparición en 1963, pero su popularidad solo iba en aumento. Desde The Beatles a King Crimson, sin olvidar a The Rolling Stones, Yes, Genesis, Jethro Thull o Led Zeppelin, el Mellotron alcanzó un gran protagonismo en la escena rock de aquella época. Pero, ¿qué pasó después?

Lo cierto es que la historia no tenía pensado un gran plan para el Mellotron, no al menos un esbozo a corto plazo. La idea de un instrumento capaz de reproducir diferentes sonidos grabados e incluso patrones rítmicos, revolucionara en su momento, se quedaría pronto obsoleta e indefensa ante la aparición de los samplers digitales, mucho más sencillos, manejables y versátiles. Con todo, su extinción, aunque tecnológicamente predecible, nunca llegaría a ser absoluta, pero sí lánguida. Antes de que apareciesen al final de la década de los 70 los primeros sintetizadores polifónicos, capaces de generar y modular infinidad de sonidos, varios diseños de naturaleza similar a la del Mellotron -cuando no idéntica- verían la luz, pero sin llegar a cosechar el éxito de éste.

Anuncio publicitario de un Orchestron (Fuente: http://www.gforcesoftware.com/)

Congéneres de la familia tron, cada uno tenía, sin embargo, su propio padre. Dave Biro, financiado en parte por Rick Wakeman, teclista de Yes, desarrollaría el Birotron, concebido como un teclado de producción masiva, pero que por su tardía aparición y la falta de fondos acabaría siendo una pieza de coleccionista. Más acertado parecía el Orchestron, la versión profesional del Optigon, que en lugar de cintas magnéticas empleaba discos de lectura óptica, concepto que pese a su mayor fiabilidad no logró garantía de supervivencia alguna para la creación de Vako Synthetizers. El Musitron, urdido por Max Crook a partir de un Clavioline, a diferencia de los dos anteriores, no pretendía ser una clara alternativa al Mellotron sino más bien un órgano con capacidades de sintetizador. Crook nunca consiguió patentarlo, pero tendría éxito legando un sonido característico y muy influyente para algunos compositores como Ennio Morricone o John Barry.

Runaway de Del Shannon, tema coescrito por Max Brook en el que destaca la aportación de su invento, el Musitron

A pesar de que ninguno de los anteriores fueron serios competidores para el Mellotron, la complejidad y tamaño de éste todavía eran un asunto no resuelto que jugaba en su contra. De ahí que Mellotronics Ltd, la empresa fundada por los miembros de Bradmatic Ltd, siguiese trabajando en su desarrollo. Con la aparición del M300 en 1968 demostrarían que sus esfuerzos no estaban siendo en vano. Haciendo gala de un diseño simplificado y sonando más brillante que su predecesor, el nuevo modelo impulsaría a grupos como Gentle Giant y Barclays James Harvest a sumarse a la corriente de los predilectos del Mellotron, perpetuando así su sonido en el panorama del rock de la época. Sin embargo, el nuevo formato de cintas del M300 (de un ¼ de pulgada) demostró no ser duradero: su uso prolongado propiciaba la acumulación de cargas estáticas en el aparato, las cuales, tarde o temprano, se transmitían a las cintas provocando una errática reproducción de las mismas.

Mellotron M400 (Fuente: http://tron-is-king.org.uk/)

Mellotronics siguió investigando hasta culminar con la creación del que se convertiría en el modelo por excelencia de la época: el M400. Se fabricarían 1800 unidades de éste entre 1970 y 1978, una cifra astronómica comparada con los 300 MkII vendidos en el período del 64 al 68. Pero el éxito del M400 venía dado por una excesiva reducción en el número de componentes que lo integraban: en lugar de los 18 sonidos habituales tenía 3, la unidad de reverb habría sido, junto con los altavoces, eliminada, y los controles simplificados al máximo. Esto condujo a la aparición en 1975 del MkV, el modelo más deseado, que en esencia se trataba de dos M400 combinados en una misma estructura. Con todo, las propiedades del MkV no llegarían para salvar al Mellotron de la obsolescencia; los primeros sintetizadores polifónicos de finales de los 70, mucho más baratos y versátiles, hicieron que a su lado pareciese un dinosaurio.

De la noche a la mañana, el Mellotron se había convertido en una pieza de museo. El fracaso, inicialmente tecnológico, no tardó en hacerse económico: Mellotronics – entonces Streetly Electronics, nombre que terminaría adquiriendo tras varios problemas legales con el anterior – incapaz de cumplir con sus obligaciones financieras, se vería obligada a vender las cintas de las grabaciones originales (master tapes) y el mecanismo de reproducción, con lo que además perdería los derechos sobre el nombre comercial “Mellotron”. No correría mejor suerte Dallas Music, la distribuidora en los Estados Unidos de Streetly Electronics, que desaparecería dejando una deuda en la región de 80000 libras.

Pese a los nefastos augurios, al Mellotron todavía le quedaban unos pocos coletazos que dar. Pero el interés casi popular que había adquirido en los 70 se redujo a una cuestión anecdótica en los 80, reservada únicamente a grupos como IQ, Marillion, Pallas o Twelf Night, estandartes del neo-prog. Con todo, este breve empuje sirvió para que Streetly Electronics siguiese vendiendo Mellotrones, ahora bajo el nombre Novatron. En total, unos 200 modelos del M400 y 4 MkV serían fabricados, además de 5 nuevas unidades T550, cuyo diseño destacaba por estar contenido en un estuche de transporte.

Novatron T550 (Fuente: http://3.bp.blogspot.com/)

Sound Sales, empresa que habría adquirido las posesiones de la extinta Dallas Music, también quiso probar suerte y trató de mejorar el M400 añadiendo dos sonidos extras en cintas de de un ¼ de pulgada. Solamente se fabricaron cuatro unidades, debido a la mala calidad de las cintas.

En 1986, el advenimiento de los samples digitales se habría vuelto imparable; Streetly Electronics sería liquidada, sin identidades comerciales ni motivos musicales que la relevasen. El Mellotron se había convertido en una antigualla inservible.

Resurgimiento

 

Entonces llegaron los 90, y pese a la dificultad que suponía encontrar en esos días un Mellotron, artistas de aquí y allá comenzaron a mostrar interés el casi extinto instrumento. En cierta manera se produjo una curiosa revitalización de las tendencias de los 70. Por un lado, conjuntos populares como Oasis, Radiohead, Blur, REM Lenny Kravitz e incluso Michael Jackson lo incorporarían puntualmente a su música; mientras que una nueva vertiente del rock progresivo, liderada por Anekdoten, Landberk y Anglagard haría de su sonido una identidad propia. De hecho, no es sorprendente descubrir la notable influencia de King Crimson en estos últimos, ni tampoco la decisión de Fripp y compañía de desempolvar el artefacto tras una época wavie en la que brillaría por la ausencia.

El impulso de la nueva corriente de Mellotroners no tardó en hacerse notar, y Streetly Electronics volverían a ofrecer sus servicios, aunque únicamente como restauradores y reparadores de antiguos modelos. Sin embargo, hacia finales de la década la demanda del instrumento sería lo suficientemente elevada como para pensar en comercializarlo de nuevo. Y eso fue exactamente lo que pasó: un nuevo modelo, el Mellotron MkVI, diseñado por el sueco Markus Resch, se pondría en venta en el año 2000 y desde entonces su producción, aunque modesta, no ha cesado. El MkVI es idéntico a un M400 salvo por las dimensiones, que han sido más adecuadas para su transporte, y la duración de las cintas, cuyas grabaciones son un par de segundos más largas que las del M400.

Lejos de lo que pudiese parecer, el empleo del Mellotron en la primera parte de la década de los 90 distó de ser una moda pasajera. El nuevo milenio alumbró no pocos álbumes en los que se dotaba al instrumento de un protagonismo singular. Entre ellos merece la pena destacar Damnation, de los suecos Opeth; la BSO de la película de Sophia Coppola, Las Vírgenes Suicidas, compuesta y ejecutada por Air; Symphonic Holocaust, de Morte Macabreproyecto en  común de miembros de Anekdoten y Landberk; Grace for Drowning del prolífico Steven Wilson e In Orbit, de Wobbler. Además, bandas populares como Foo Fighters y The Smashing Pumpkins también perpetúan su uso.

Versión de Morte Macabre del tema de apertura de la controvertida película Holocausto Caníbal

El revival del Mellotron ha permitido a Streetly Electronics volver a comercializarlo, ahora bajo un nuevo formato, el modelo M4000D, que a diferencia de cualquiera de sus predecesores, reutiliza el mecanismo original de los primeros MkI y MkII. Se puede pensar, que de hecho, el M4000D es la versión definitiva del instrumento, ya que recupera las capacidades de los diseños pioneros, pero con la robustez, funcionalidad y portabilidad de los más recientes.

Cualquiera diría que el Mellotron vive de nuevo una época dorada; una era atemporal que atestigua el triunfo de su personalidad por encima de sus capacidades tecnológicas. Yo me atrevo aventurar que de he hecho ha encontrado un hueco permanente en la escena musical, y que su uso deja progresivamente de responder a tendencias y costumbres; el Mellotron es hoy en día una fuente de posibilidades más, un gran recurso que explotar al servicio de la creación.

Un saludo y que disfrutéis de este magnífico instrumento 😉

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