Instrumentos de otra dimensión: Mellotron (II)

Apogeo y desaparición

Era la década de los 70 y el Mellotron vivía un fugaz apogeo. Escasos años habían pasado desde su aparición en 1963, pero su popularidad solo iba en aumento. Desde The Beatles a King Crimson, sin olvidar a The Rolling Stones, Yes, Genesis, Jethro Thull o Led Zeppelin, el Mellotron alcanzó un gran protagonismo en la escena rock de aquella época. Pero, ¿qué pasó después?

Lo cierto es que la historia no tenía pensado un gran plan para el Mellotron, no al menos un esbozo a corto plazo. La idea de un instrumento capaz de reproducir diferentes sonidos grabados e incluso patrones rítmicos, revolucionara en su momento, se quedaría pronto obsoleta e indefensa ante la aparición de los samplers digitales, mucho más sencillos, manejables y versátiles. Con todo, su extinción, aunque tecnológicamente predecible, nunca llegaría a ser absoluta, pero sí lánguida. Antes de que apareciesen al final de la década de los 70 los primeros sintetizadores polifónicos, capaces de generar y modular infinidad de sonidos, varios diseños de naturaleza similar a la del Mellotron -cuando no idéntica- verían la luz, pero sin llegar a cosechar el éxito de éste.

Anuncio publicitario de un Orchestron (Fuente: http://www.gforcesoftware.com/)

Congéneres de la familia tron, cada uno tenía, sin embargo, su propio padre. Dave Biro, financiado en parte por Rick Wakeman, teclista de Yes, desarrollaría el Birotron, concebido como un teclado de producción masiva, pero que por su tardía aparición y la falta de fondos acabaría siendo una pieza de coleccionista. Más acertado parecía el Orchestron, la versión profesional del Optigon, que en lugar de cintas magnéticas empleaba discos de lectura óptica, concepto que pese a su mayor fiabilidad no logró garantía de supervivencia alguna para la creación de Vako Synthetizers. El Musitron, urdido por Max Crook a partir de un Clavioline, a diferencia de los dos anteriores, no pretendía ser una clara alternativa al Mellotron sino más bien un órgano con capacidades de sintetizador. Crook nunca consiguió patentarlo, pero tendría éxito legando un sonido característico y muy influyente para algunos compositores como Ennio Morricone o John Barry.

Runaway de Del Shannon, tema coescrito por Max Brook en el que destaca la aportación de su invento, el Musitron

A pesar de que ninguno de los anteriores fueron serios competidores para el Mellotron, la complejidad y tamaño de éste todavía eran un asunto no resuelto que jugaba en su contra. De ahí que Mellotronics Ltd, la empresa fundada por los miembros de Bradmatic Ltd, siguiese trabajando en su desarrollo. Con la aparición del M300 en 1968 demostrarían que sus esfuerzos no estaban siendo en vano. Haciendo gala de un diseño simplificado y sonando más brillante que su predecesor, el nuevo modelo impulsaría a grupos como Gentle Giant y Barclays James Harvest a sumarse a la corriente de los predilectos del Mellotron, perpetuando así su sonido en el panorama del rock de la época. Sin embargo, el nuevo formato de cintas del M300 (de un ¼ de pulgada) demostró no ser duradero: su uso prolongado propiciaba la acumulación de cargas estáticas en el aparato, las cuales, tarde o temprano, se transmitían a las cintas provocando una errática reproducción de las mismas.

Mellotron M400 (Fuente: http://tron-is-king.org.uk/)

Mellotronics siguió investigando hasta culminar con la creación del que se convertiría en el modelo por excelencia de la época: el M400. Se fabricarían 1800 unidades de éste entre 1970 y 1978, una cifra astronómica comparada con los 300 MkII vendidos en el período del 64 al 68. Pero el éxito del M400 venía dado por una excesiva reducción en el número de componentes que lo integraban: en lugar de los 18 sonidos habituales tenía 3, la unidad de reverb habría sido, junto con los altavoces, eliminada, y los controles simplificados al máximo. Esto condujo a la aparición en 1975 del MkV, el modelo más deseado, que en esencia se trataba de dos M400 combinados en una misma estructura. Con todo, las propiedades del MkV no llegarían para salvar al Mellotron de la obsolescencia; los primeros sintetizadores polifónicos de finales de los 70, mucho más baratos y versátiles, hicieron que a su lado pareciese un dinosaurio.

De la noche a la mañana, el Mellotron se había convertido en una pieza de museo. El fracaso, inicialmente tecnológico, no tardó en hacerse económico: Mellotronics – entonces Streetly Electronics, nombre que terminaría adquiriendo tras varios problemas legales con el anterior – incapaz de cumplir con sus obligaciones financieras, se vería obligada a vender las cintas de las grabaciones originales (master tapes) y el mecanismo de reproducción, con lo que además perdería los derechos sobre el nombre comercial “Mellotron”. No correría mejor suerte Dallas Music, la distribuidora en los Estados Unidos de Streetly Electronics, que desaparecería dejando una deuda en la región de 80000 libras.

Pese a los nefastos augurios, al Mellotron todavía le quedaban unos pocos coletazos que dar. Pero el interés casi popular que había adquirido en los 70 se redujo a una cuestión anecdótica en los 80, reservada únicamente a grupos como IQ, Marillion, Pallas o Twelf Night, estandartes del neo-prog. Con todo, este breve empuje sirvió para que Streetly Electronics siguiese vendiendo Mellotrones, ahora bajo el nombre Novatron. En total, unos 200 modelos del M400 y 4 MkV serían fabricados, además de 5 nuevas unidades T550, cuyo diseño destacaba por estar contenido en un estuche de transporte.

Novatron T550 (Fuente: http://3.bp.blogspot.com/)

Sound Sales, empresa que habría adquirido las posesiones de la extinta Dallas Music, también quiso probar suerte y trató de mejorar el M400 añadiendo dos sonidos extras en cintas de de un ¼ de pulgada. Solamente se fabricaron cuatro unidades, debido a la mala calidad de las cintas.

En 1986, el advenimiento de los samples digitales se habría vuelto imparable; Streetly Electronics sería liquidada, sin identidades comerciales ni motivos musicales que la relevasen. El Mellotron se había convertido en una antigualla inservible.

Resurgimiento

 

Entonces llegaron los 90, y pese a la dificultad que suponía encontrar en esos días un Mellotron, artistas de aquí y allá comenzaron a mostrar interés el casi extinto instrumento. En cierta manera se produjo una curiosa revitalización de las tendencias de los 70. Por un lado, conjuntos populares como Oasis, Radiohead, Blur, REM Lenny Kravitz e incluso Michael Jackson lo incorporarían puntualmente a su música; mientras que una nueva vertiente del rock progresivo, liderada por Anekdoten, Landberk y Anglagard haría de su sonido una identidad propia. De hecho, no es sorprendente descubrir la notable influencia de King Crimson en estos últimos, ni tampoco la decisión de Fripp y compañía de desempolvar el artefacto tras una época wavie en la que brillaría por la ausencia.

El impulso de la nueva corriente de Mellotroners no tardó en hacerse notar, y Streetly Electronics volverían a ofrecer sus servicios, aunque únicamente como restauradores y reparadores de antiguos modelos. Sin embargo, hacia finales de la década la demanda del instrumento sería lo suficientemente elevada como para pensar en comercializarlo de nuevo. Y eso fue exactamente lo que pasó: un nuevo modelo, el Mellotron MkVI, diseñado por el sueco Markus Resch, se pondría en venta en el año 2000 y desde entonces su producción, aunque modesta, no ha cesado. El MkVI es idéntico a un M400 salvo por las dimensiones, que han sido más adecuadas para su transporte, y la duración de las cintas, cuyas grabaciones son un par de segundos más largas que las del M400.

Lejos de lo que pudiese parecer, el empleo del Mellotron en la primera parte de la década de los 90 distó de ser una moda pasajera. El nuevo milenio alumbró no pocos álbumes en los que se dotaba al instrumento de un protagonismo singular. Entre ellos merece la pena destacar Damnation, de los suecos Opeth; la BSO de la película de Sophia Coppola, Las Vírgenes Suicidas, compuesta y ejecutada por Air; Symphonic Holocaust, de Morte Macabreproyecto en  común de miembros de Anekdoten y Landberk; Grace for Drowning del prolífico Steven Wilson e In Orbit, de Wobbler. Además, bandas populares como Foo Fighters y The Smashing Pumpkins también perpetúan su uso.

Versión de Morte Macabre del tema de apertura de la controvertida película Holocausto Caníbal

El revival del Mellotron ha permitido a Streetly Electronics volver a comercializarlo, ahora bajo un nuevo formato, el modelo M4000D, que a diferencia de cualquiera de sus predecesores, reutiliza el mecanismo original de los primeros MkI y MkII. Se puede pensar, que de hecho, el M4000D es la versión definitiva del instrumento, ya que recupera las capacidades de los diseños pioneros, pero con la robustez, funcionalidad y portabilidad de los más recientes.

Cualquiera diría que el Mellotron vive de nuevo una época dorada; una era atemporal que atestigua el triunfo de su personalidad por encima de sus capacidades tecnológicas. Yo me atrevo aventurar que de he hecho ha encontrado un hueco permanente en la escena musical, y que su uso deja progresivamente de responder a tendencias y costumbres; el Mellotron es hoy en día una fuente de posibilidades más, un gran recurso que explotar al servicio de la creación.

Un saludo y que disfrutéis de este magnífico instrumento 😉

G

Instrumentos de otra dimensión: Mellotron (I)

Muchos de vosotros habréis oído alguna vez hablar de este instrumento de nombre tan retro y futurista a la vez. Pero aún más probable es que hayáis escuchado su particular sonido:

¿Reconocéis la canción? Se trata de Strawberry Fields Forever, uno de las creaciones más populares de The Beatles. Y sí, efectivamente, el instrumento que reproduce el motivo del principio, que pretende emular el de varias flautas, es un Mellotron, en concreto un modelo de la serie MK II de 1964. Su predecesor, el MKI, sería el primer prototipo producido comercialmente tan solo un año antes. Pero en realidad, la idea detrás del Mellotron se remonta a mediados de siglo XX.

Mellotron modelo MKII que en su momento perteneció a King Crimson. En la actualidad se encuentra en el Moogseum de Ashville, en los Estados Unidos. (Fuente: Jarrelook)

SU HISTORIA

A finales de la década de los 40 Harry Chamberlin inventaría el Chamberlin, un instrumento cuyo propósito era el de reproducir los distintos sonidos de las Big Band de la época, de tal modo que él y su familia pudiesen entretenerse cantando en el salón de su casa como si tuvieran una orquesta allí mismo. Se trataba de un teclado electro-mecánico (es decir, un teclado que combina elementos mecánicos y eléctricos para producir sonido manteniendo la forma del instrumento acústico) que mediante el accionamiento de sus teclas reproducía sonidos grabados en una cinta magnética, emulando así a los instrumentos propios de las orquestas de la época.

Chamberlin Modelo 200 (Fuente: DJProaudioinc)

En esencia nos encontramos antes uno de los primeros samplers de la historia de la música. Sin embargo, el diseño de Chamberlin sería bastante exitoso, pero también controvertido; la propia Federación Americana de Músicos trataría de limitar las demostraciones en directo del invento, temiendo que sus miembros perdiesen su trabajo. Pero esto no amedrentaría al artífice de Wisconsin, que decidiría comercializar a través de su propia empresa Chamberlin Instrument Company Inc., el peculiar instrumento. Para ello contaría con la ayuda de Bill Franson, responsable de promocionar y ofrecer a las tiendas el Chamberlin. Franson, que al principio trabajaba limpiando ventanas en la oficina de la empresa, se convertiría pronto en todo un hombre de negocios, siempre viajando a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Pero su ambición no se detendría ahí: en 1962 se marcharía a Inglaterra llevándose con él dos modelos Chamberlin Musicmaster 600, con la intención de fabricar más unidades de forma profesional. Así fue como entraría en contacto con Bradmatic Ltd., compañía que se habría ofrecido a fabricar 70 cabezales de reproducción para los futuros “Franson”, nombre con el que el americano presentaría el instrumento a los ingenieros ingleses. Éstos, al ver el potencial del artefacto, comprarían la idea a Franson y con la colaboración de Eric Bronson mejorarían el diseño. Así nacería el Mellotron.

EL SONIDO

El particular sonido low-fi del Mellotron, de un gran lirismo para algunos, sacado de una película de los años 50 para otros, es su factor más característico. De hecho, debido a su complejidad y alto coste, el invento no cosecharía éxito logrando lo que pretendía, reemplazar en directo a orquestas, deficiencia que la aparición de los samplers digitales no haría más que agravar, condenándolo de esta forma a desaparecer del campo de los emuladores portátiles. Lo paradójico del asunto es que tampoco sería la fidelidad del sonido lo que lo que le diese su estátus de culto, sino todo lo contrario; la baja calidad de las grabaciones son precisamente el origen de su personalidad. Éstas, -con la excepción de los tres violines (los famosos strings del MKII), que pertenecían a la grabaciones originalmenete empleadas en el Chamberlin- serían realizadas por Glynn Johns en los estudios IBC, contando para ello con la participación de músicos profesionales, pero cuya interpretación de los sonidos registrados distaba de la perfección. Todo ello dio como resultado una reproducción acusada por la ausencia de frecuencias medias y superiores y una pobre relación de señal/ruído. Tampoco ayudaba el mejorable -incluso para la época- diseño de las cabezas lectoras, cuya tendencia a desajustarse hacía que algunos grupos llevasen un Mellotron de respeto cuando salían de gira; ni el conjunto del mecanismo de reproducción, sensible a cambios de humedad y temperatura. En cualquier caso, todas estas imperfecciones se alinearon para conjugar un sonido único y sobre todo, auténtico, que llegaría a representar parte de la escena musical de finales de los 60 y los años 70.

Pero, ¿qué sonidos era capaz de ofrecer el Mellotron? En realidad y pese a las limitaciones de tamaño y portabilidad, unos cuantos: el MKII poseía dos bancos distribuidos en torno a un par de teclados de 35 teclas cada uno; el primero de ellos disparaba hasta 18 patrones rítmicos (bossa nova, rumba, foxtrot, tango, samba, boleros) y 17 secuencias de relleno, mientras que el segundo incluía 6 grupos de 3 sonidos cada uno, entre los que figuraban, entre otros, cellos, strings, flautas y coros. Haciendo click en este enlace podéis descubrir la distribución completa de los sonidos. El MKII además contenía una unidad de reverb, amplificador y altavoces de doble vía. El Mellotron M4000, el modelo más moderno basado en el MKII, de diseño y producción contemporánea, ya no cuenta con la sección rítmica del modelo original, pero en su lugar dispone de 8 grupos de 3 sonidos cada unos, es decir, 6 más que el MKII.

La mejor manera de hacerse una idea del sonido de un Mellotron es, por supuesto, escuchándolo. Aquí encontraréis una muestra de todos los sonidos más clásicos del instrumento y de algunos grabados recientemente. Otro buen ejemplo es el de este vídeo:

¿CÓMO FUNCIONA?

Vista frontal de un Mellotron MKII: teclados y consola (Fuente: Candor Chasma)

En esencia, el Mellotron es como un reproductor de cintas magnéticas a gran escala. Así, consta de una serie de cabezales encargados de leer el contenido de las cintas, cada uno de los cuales va asociado a una tecla; es decir, en un modelo como el MKII, de dos teclados de 35 teclas, existirán 70 cabezales y 70 cintas, asignándose a cada teca un cabezal y la cinta correspondiente. Estas últimas tienen un ancho de 3/8 de pulgada (¼ en el M300) y tres pistas (dos para el M300) diferenciadas, que pueden ser reproducidas individualmente o en combinación (A+B o B+C, pero nunca A+B+C). A su vez, cada pista suele contener diferentes grabaciones registradas en secuencia, lo que da lugar a los distintos bancos de sonido. El sistema de selección de los mismos se basa, por tanto, en un proceso de rebobinado y avance rápido. Sirva como ejemplo el recurrido MKII: los ocho primeros segundos de una tira de cinta contendrán tres grabaciones separados, (una por pista) mientras que los siguientes ocho segundos contienen otras tres, diferentes, y así sucesivamente. Por tanto, cuando el usuario escoge, usando para ello los mandos instalados en la consola del instrumento, un banco y un sonido particular del mismo, el mecanismo interno del Mellotron, conocido como “Cycling system”, ajusta la posición de de los cabezales y rebobina o avanza la cinta hasta el fragmento deseado.

Vista general del “Cycling System” de un Mellotron M4000 (Fuente: The Magic Mellotron)

No obstante, este complejo sistema se limita a los modelos MKI, MKII, M300  ya que además de incurrir en un mal funcionamiento, repercute en el tamaño del artefacto y por tanto en su facilidad para moverlo. De ahí que modelos posteriores, como el M400, el MKV y el MKVI tengan en su lugar un soporte extraíble donde se alojan las cintas, que si bien ofrece un menor número de sonidos registrados, es más sencillo y fiable además de poder intercambiarse manualmente por otro que contenga distintas grabaciones. El M4000 combina ambos sistemas en un diseño más robusto y optimizado.

Cuando el músico escoge una pista y pulsa una tecla (1) ésta hace bajar un cabezal magnético (2) para juntarlo con su pareja (6), lo que permitirá leer la grabación de la cinta y por tanto, reproducirla. Para que esto suceda, la tecla sitúa el sistema de poleas (3) sobre el tambor en continuo movimiento (5), lo que provocará que la cinta se desplace por los cabezales en forma de W y se almacene, hasta que finalice su reproducción, en el depósito. En este proceso interviene un muelle (7), que ayuda a mantener la tensión de la cinta y que, al dejar el músico de presionar la tecla, devuelve la cinta a su posición original.

Diagrama del funcionamiento del Mellotron (Fuente: Mente Enjambre)

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Interior de un Mellotron M4000 (Fuente: Candor Chasma)

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Interpretación con un Mellotron Novatron T.550 al descubierto. A partir del minuto 7 puede apreciarse su interior y los componentes del instrumento. También podremos ver cómo se efectúa el cambio del soporte con las cintas a partir del minuto 8.

EN EL PANORAMA MUSICAL

Antes que The Beatles, uno de los músicos pioneros en el empleo del Mellotron en la música popular fue Mike Pinder, teclista y fundador de The Moody Blues, quien de hecho se atribuye el haberles enseñado a John Lennon y Paul McCarteney las virtudes del instrumento.

John Lennon tocando un Mellotron MKII (Fuente: Beatlesbook) A modo de curiosidad cabe destacar los experimentos de John Lennon con el mismo, que pueden escucharse haciendo click en este enlace

Pinder, que habría trabajado 18 meses en Streetly Electronics al principio de los 60, empresa que comercializaría por primera vez en la historia el Mellotron, participó en el diseño del mismo y fascinado por su sonido, recurriría a él en todos los aĺbumes de la banda producidos entre 1967 y 1978. Una de las canciones más reconocidas donde el Mellotron tiene una gran presencia es esta Nights in white satin, clásicazo donde los haya. También en Forever afternoon (Tuesday) podemos notar su presencia, protagonista en gran parte del tema.

Además de The Beatles y The Moody Blues, otros grupos populares como The Bee Gees en Every Christian Lion Hearted Man Will Show Youy The Rolling Stones en 2000 light years from home también se decantaron por el instrumento. Incluso David Bowie y Led Zeppelin lo incluirían en Space Oditty y Kashmir respectivamente.

Pero quienes probablemente más recurrieron al empleo Mellotron fueron los pioneros de la escena progresiva de los 70, convirtiéndolo prácticamente en un referente del género, cuando no en un signo de identidad. Así le sucedió a King Crimson, que con temas como In the Court of The Crimson King patentaron su propia personalidad y sonido, visiblemente marcado por el uso del Mellotron. También Genesis, en la memorable Watcher of the skies, o Yes en And you and I, demostrarían el potencial del instrumento.

En definitiva, el Mellotron estuvo muy ligado a la época de finales de los 60 y sobre todo los 70, estando muy presente el género del rock en su sentido más amplio, pero encontrando un uso por excelencia en la vertiente más progresiva.

En la próxima entrega hablaremos de la desaparición del Mellotron y su resurgimiento en la época contemporánea 😉

Un saludo!

G