Steven Wilson

A estas alturas, negar mi predilección por Steven Wilson sería negar una de las principales fuentes de esta página, no solo por sus proyectos, referidos ya en varias ocasiones, si no por sus recomendaciones personales, que podemos encontrar actualizadas mensualmente en su página web, y a raíz de las cuales he descubierto grupos increíbles como Necro Deathmort o Nik Bärcht’s Ronin, que ya han sido protagonistas en Siete por Ocho. Por todo esto, ya va siendo hora de dedicar una entrada a este prolífico músico británico. En esta primera entrega daremos un repaso a sus múltiples trabajos antes de que emprendiese su último y más ambicioso proyecto, que por nombre no lleva otro más que el suyo propio, y el cual analizaremos en profundidad en la siguiente entrada.

Steven Wilson

El nombre de Steven Wilson empezaría a sonar en el mundo de la música a raíz de su asociación con el vocalista Tim Bowness en el que sería su proyecto génesis, No-Man. Fundado por Wilson en 1986 como proyecto en solitario, No-Man empezarían sus andanzas dando forma a un estilo propio donde el synthpop estaba muy presente, pero que poco a poco comenzaría a incluir en su propuesta géneros como el rock, el jazz y el ambient, especialmente palpable en sus últimos trabajos. Wilson y Bowness crearon así un estilo propio difícil de encajar en descripción alguna, salvo en el art-rock, donde la crítica suele situarlos. Una buena muestra es este Only Rain.

Poco tiempo después, Steven compilaría una serie de grabaciones que había producido tanto en solitario como con algunos de sus amigos desde que empezara su afición a la música, y añadiendo sus más recientes composiciones hasta entonces publicaría en cassette los que serían sus dos primeros trabajos bajo el nombre de Porcupine Tree, Tarquin’s Seaweed Farm y The Nostalgia Factory, que posteriormente serían agrupados y publicados en …On the sunday of life, el primer disco del proyecto, interpretado en su totalidad por él mismo, salvo las baterías, que serían samplers programados.

Radioactive toy, uno de los temas más reconocidos de la banda, aparecería por primera vez en Tarquin’s Seaweed Farm

En sus orígenes, Porcupine Tree nacería como una broma de la mano de Steven Wilson y su compañero Malcolm Stocks, quienes desarrollarían toda una historia ficticia alrededor de la banda, haciéndola pasar por un mega grupo de rock progresivo de los 70. El propio Wilson reforzaría la historia acompañando su primer cassette, Tarquin’s Seaweed Farm, con un libreto donde relataba la biografía de alguno de sus supuestos miembros como Sir Tarquin Underspoon y Timothy Tadpole-Jone, pero abandonaría la broma a medida que su involucración en el proyecto aumentaba. Sin embargo, la banda no alcanzaría una formación estable hasta The Sky Moves Sideways, su tercer disco, en el que Richard Barbieri, teclista; Colin Edwin, bajista; Chris Maitland, batería; y Wilson, en la voz y las guitarras, trabajarían juntos por primera vez. Desde entonces la formación ha permanecido casi inmutable, salvo por el cambio de Chris Maitland por Gavin Harrison, reputadísimo músico, en el séptimo trabajo de la banda, In Absentia.

Con Lightbulb Sun, sexto trabajo de la banda, todavía con Chris Maitland a las baterías, Porcupine Tree dejarían definitivamente de lado su primera época, donde el rock psicodélico era su principal identidad, tendencia que ya se notaría en sus dos anteriores trabajos (podéis encontrar una reseña de Stupid Dream, el anterior larga duración de PT, en esta misma página)

A pesar de su cómico inicio, Porcupine Tree se convertiría, no sin poca ironía, en el principal y más conocido proyecto del británico, y crecería hasta ser una de las bandas más respetadas y admiradas dentro del rock progresivo y alternativo actual, cuya vigente carrera ha dejado tras de sí 10 discos de estudio, así como numerosos EPs, conciertos y grabaciones.

Time Flies es uno de los temas más emblemáticos del último trabajo de la banda, The Incident. El vídeo es una versión recortada de la que aparece en el disco, que la podéis escuchar aquí. Está dirigido por Lasse Hoile, reconocido fotógrafo y diseñador gráfico, colaborador habitual de Steven Wilson.

En sus últimos trabajos, Porcupine Tree darían un giro hacia un estilo más agresivo, donde el metal empezaría a cobrar una mayor presencia. Al parecer, Wilson se vería muy influenciado por algunos de los grupos más extremos pero a la vez más innovadores que la escena del metal vería aparecer, como Messhugah, Opeth y Gojira.

Sin embargo, el éxito cosechado con PT no supondría el fin de las inquietudes musicales de Steven Wilson, ni de sus otros proyectos. En realidad, su actividad como músico no haría más que aumentar con el paso de los años. Con No-Man publicaría hasta 6 álbumes de estudio y dos en directo, el más reciente, Love and Endings, hace tan solo 2 años. Con Blackfield, proyecto común con el cantante israelí Aviv Geffen, Wilson daría salida a su vertiente más melódica en forma de tres trabajos donde la accesibilidad y sentimentalidad de las canciones son su principal característica, tal y como nos deja entrever el tema Blackfield.

Además de estos proyectos Wilson emprendería otros dos más en solitario; Incredible Expanding Mindfuck (IEM) y Bass Communion. El primero se trata posiblemente del proyecto más experimental del músico, en el que la psicodelia se combina con la improvisación en una mayoría de estructuras caóticas, largas y cambiantes, donde los únicos protagonistas son los instrumentos. Con todo, también hay cabida para temas más directos como Headphone Dust, que sin perder la esencia del proyecto, destaca como una propuesta mas concreta y definida.

Bass Communion también comparte esos tintes de experimentación, aunque el proyecto se desarrolla entre sonoridades más concretas; las de la música ambient y drone. Como Bass Communion, Steven ha publicado 11 discos de estudio y varios EPs.

Su proyecto más reciente, Storm Corrossion, vería la luz el año pasado con la publicación de su primer disco, de título homónimo. El protagonista esta vez sería, a parte del propio Wilson, Mikael Akerfeldt, líder de la reputada banda sueca Opeth. La amistad entre estos dos músicos se remonta a la época de Blackwater Park, sexto trabajo de los suecos, que sería producido y mezclado por Wilson, quien además colaboraría tocando el piano o cantando en algunas de las canciones del disco, como Bleak. Los dos siguientes discos de Opeth, Damnation y Deliverance, serían de nuevo mezclado y producidos por Wilson. Respecto a Storm Corrosion, la propuesta destaca por su personalidad y la experimentación, sobre todo conceptual. El disco es un retrato de paisajes cambiantes, sensaciones opuestas encontradas en una misma canción, donde a veces se hace difícil discernir los elementos de unión. Es un reino de incoherencia musical pero de gran homogeneidad conceptual. Sobresalen los cambios bruscos y los pasajes oscuros. La atmósfera reinante es densa, a veces opresiva, pero tiene momentos como la increíble Ljudet Innan, brillando como un faro entre la niebla.

Y con este último tema despido este pequeño espacio dedicado al increíble Steven Wilson. No olvidéis darle al botón de “Me gusta” de Facebook en el cajón de la columna derecha o al final de la entrada, ayudaréis a divulgar la página 😉 Gracias!

Nos vemos en la próxima entrega 🙂

G

Un nuevo comienzo

Tras casi un año de silencio y falta de motivación, y después de haber dado por abandonado este pequeño proyecto, hoy, repentinamente, pero muy inspirado por las últimas noches que he vivido, en las que mis amigos escuchaban con entusiasmo y sorpresa canciones hasta entonces desconocidas, escondidas entre los subterráneos de la música actual y mi colección de discos, he decidido volver a hacer sonar Siete por Ocho. Pero para ello me he dado cuenta de que necesito revelar algo sobre el que escribe estas líneas, principalmente por dos motivos; uno es la frecuencia de publicación, y otro, el nuevo enfoque que quiero darle a la página. Como habréis notado los que habitualmente seguíais el blog, en ocasiones pasan largos periodos de tiempo entre una entrada y otra. Esto ha sido, es, y al menos por el momento seguirá siendo, un defecto de Siete por Ocho. La diferencia ahora radica en que quiero haceros partícipes del motivo que se esconde tras él, no solo buscando vuestra comprensión, si no invitándoos a participar de él. Y éste no es otro que el mar, o la mar, como decimos los marinos, o escriben los poetas. Así es, escogí una profesión que cada cierto tiempo exige que abandones, al menos de forma temporal, cualquier dedicación a la que estás dando continuidad, pero que a la vez es una fuente de inspiración e intensas vivencias. Es por ello que cuando me marcho a navegar no publico nada en absoluto, principalmente porque desconecto de internet (y del mundo, en general, XD), y por lo que ahora – que estoy de vuelta en tierra firme – busco compartir esas sensaciones. Y en ese aspecto creo que Siete por Ocho es la plataforma perfecta para hacerlo, ya que mis impresiones suelen venir en forma de palabras, pero acompañadas y motivadas por la música, que me llevo vaya a donde vaya. De ahí que el objetivo que me he haya propuesto sea perpetuar la naturaleza divulgadora de la página, pero dándole un carácter más personal y sobre todo, coherente. Por lo tanto, de ahora en adelante encontraréis lo que venía habiendo hasta ahora (alguna noticia dispersa, críticas de disco, reportajes sobre grupos o estilos de música, etc.) pero entremezclado con alguna que otra historia o reflexión ambientada con dos o tres canciones (algo parecido a lo que ya hice en entradas anteriores, pero de caracter más intimista). Por último, creo adecuado haceros saber los momentos en que Siete por Ocho entre en standby, así que cuando esté próximo a embarcar dejaré un pequeño mensaje acompañado de alguna canción de olas y temporales, o simplemente de ron.

Sin más dilación, no se me ocurre mejor manera de reabrir Siete por Ocho que con esas canciones de las que hablaba al principio, algunas ya protagonistas de su propia entrada hace algún tiempo, y otras incorporándose por primera vez a este rincón sonoro.

Ulver es un grupo noruego cuya primera aparición en la escena musical se remonta a principios de los 90. Por aquel entonces practicaban un black metal con tintes folclóricos, muy inspirado por mitos y leyendas noruegas, pero que ya con su segundo disco, Kveldssanger, dejaba entrever parte del espíritu musicalmente inquieto y ambicioso de su frotnman Kristoffer Rygg, también conocido como Garm. Este afán por la experimentación y sobre todo apertura mental quedaría plasmado en su cuarto álbum, Themes form William Blake’s The Marriage of Heaven and Hell, en el que se desvinculan definitivamente del black metal. A partir de ahí Ulver publicaría 6 álbumes de estudio más, caracterizados por su fuerte personalidad musical y sonido distintivo, que combina desde música electrónica a música de cámara, pasando por trip hop, metal y algunos elementos del jazz más contemporaneo; todo ello estructurado en un formato de tintes experimentales, alejado de convencionalismos mainstream.

“Porn piece or The scar of cold kisses” nos traslada a uno de los callejones más decadentes, solitarios y desamparados de Perdition City, el quinto trabajo de Ulver. Con “Música para una película interior”, el mensaje que destaca en el fondo blanco de la portada, podemos darnos una idea clara del enfoque que tiene el álbum.

En él reinan los paisajes sonoros, como los de este “Hallways of always”, y sobre todos esas atmósferas densas, oscuras, y opresivas por momentos, que a cada uno lo transportarán a su propio viaje. A mí personalmente me llevan a las noches de las grandes ciudades; la soledad y la tristeza de las calles tan pobladas por el día y tan abandonadas después de que den las 12; la decadencia de los centros y los barrios más alejados; a las luces de neón y los transeúntes solitarios y misterios que salen a la luz de la luna motivados por razones que solo ellos conocen.

Pero horas antes, en otra de esas grandes ciudades, cuando el sol se está poniendo, Bohren & Der Club Of Gore evocan con “Destroying Angels” los orígenes de la noche, las raíces, el comienzo de las historias de esos transeúntes solitarios y misteriosos; el momento en que su dedicación para el mundo termina y sus más sinceras inquietudes brotan en la noche. El grupo germano practica un jazz oscuro, de tempos lentos, ambiental y muy inspirado, donde el saxo barítono de Cristöph Clöser destaca como uno de los principales protagonistas, tal y como podemos apreciar en este otro tema “Still am tresen”.

Nik Bärtsch’s Ronin es un proyecto del pianista Nik Bärtsch, músico y compositor suizo, y el grupo de Zen Funk, Ronin. Su propuesta viene en forma de jazz contemporáneo con inspiraciones funk y es de caracter minimalista, orquestada en torno a motivos melódicos repetitivos y estructuras rítmicas complejas y cambiantes.

Y por último, Hexvessel, una banda reciente, formada en 2009 por el guitarrista, cantante y compositor británico Mat “Kvohst” McNerney. Su estilo mezcla de folk y psicodelia resulta tan original como oscuro. Una buena muestra de ello es esta “Woods to conjure”, de su último trabajo No Holier Temple.

Espero que la renovada vuelta de Siete por Ocho sea de vuestro agrado,

Nos vemos pronto,

G

P.D: Siguiendo la dinámica habitual las canciones comentadas las podéis encontrar en el reproductor Box, en la lista de Grooveshark de Siete por Ocho y en el canal de Youtube.