Los acordes de la melancolía – Anekdoten: Vemod

De lugares abandonados, donde una vez moró la cordura y ahora ésta no es más que un recuerdo deforme y brillante; desde la costa, en la que tantos barcos y tantos viejos marinos han naufragado, por codicia, por orgullo; hacia las rocas olvidadas en medio de la nada, donde él, sin embargo, no te olvida – sus lágrimas pesan, por cada minuto perdido sin tenerte -; por la incertidumbre ante la muerte inminente y el dolor de la ausencia – la desconsoladora paz de la certeza; entre la corriente de la vida, tan visceral y tan absurda, pero tan inevitable en su arrastre; hasta la superficie inalcanzable, hasta el fracaso del sentido sobre el que triunfan los sueños se escucha el agridulce sonido de la melancolía, Vemod; una colección de anécdotas y tétricas fábulas narradas con maestría por los suecos Anekdoten; siete cortes desgarrados por el cello de Anna Sofi Dahlberg y la ominosa presencia del Mellotron a sus manos y las de Nickals Barker; siete piezas rotas por el peso del bajo de Jan Erik Liljestrom y el ritmo cincelar de los platos de Peter Nordins sobre los que la voz del mismo Liljestrom apacigua tempestades; siete atisbos en cadencia rock con sombríos destellos de jazz cobijados por la inspiradora sombra de King Crimson; Vemod, exponente de la escena progresiva sueca de principios de los años 90, referencia imprescindible en el género.

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El sonido de una paradoja: Meshuggah – Catch Thirtythree

La imposibilidad de comprender la nada es un intento de razonamiento al que las palabras no llegan; se escapan precisamente hacia esa nada, se convierten en el vacío del espacio, el gran hueco que separa las lejanas estrellas. La imposibilidad de comprender la nada es sin embargo algo concreto; una imposibilidad perfectamente lógica y matemáticamente estructurada en impulsos eléctricos: oleadas de angustia. La nada es una paradoja; el fracaso en la resolución de una paradoja la más pesada de las cadenas; un laberinto sin salida. Catch 33 desengrana este constructo, el laberinto de la paradoja, la tirante angustia del sin sentido; forja lentamente el eslabón de la cadena con el tirón gravitatorio de un agujero negro. Sensación no agradable, la de percibir el límite de las percepciones; que una esquina en un prisma es solo eso, una esquina, ciega. Terror cósmico. Pero el terror, ¡ah!, el terror: ¿no hay quien no puede apartar la vista de él, se deja fascinar por su terrible atracción? El tirón gravitatorio de un agujero negro; no puedes dejar de mirar a su interior. Catch 33 te lleva a los confines del espacio, a la imposibilidad del vacío; de forma lógica, ordenada, desintegra progresivamente la idea de la nada; te libera de la angustia negándote el placer del sentido. Habrás llegado entonces a la absoluta nada, al vacío infinito: Catch 33.

El séptimo disco de Meshuggah experimenta con las iteraciones consecutivas de un riff en torno a 13 planteamientos matemáticos conceptualmente idénticos pero con distintas variables. El desarrollo recae en el dúo Fredrik Thordendal y Mårten Hagström; manos que introducen con exactitud las ecuaciones a lo largo de las 8 y 5 cuerdas; y el desconcertante – pero calculado – planteamiento rítmico de Tomas Haake. Jens Kidman completa la ruptura del pensamiento clásico, la desintegración – calculada – de la armonía; la destrucción – entrópica – de la melodía. El resultado es la ausencia de resultado; el tirón gravitatorio, la tensión constante de la paradoja: Catch 33.

Siete por Ocho regresa una vez más desde el silencio del vacío.

Dedicada a Rafa, verdadero devoto de Meshuggah.

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